domingo, 15 de julio de 2012

LA TRISTE MUERTE DE UN RIO






Como sonreía el río
cada  vez que  sentía la caricia de la brisa mañanera
recostada entre sus verdes riberas.

¿Qué ufano sé sentía él aspirando el aroma de las flores que crecian en la pradera,
y mas feliz se veia cuando arrastraba entre su cause aquel remanso de agua clara y transparente inundado de piedras de colores y de pecesitos de cristales?

Era tanta la alegría que sentía el rio que hasta le vieron llorar.
¿Y como él disfrutaba el murmullo de las palmeras  zumbando desordenada
Al borde de sus orillas.
Y cuanto lloró de pena,
No valieron sus quejidos ni lamentos,
Cuando las aves vinieron con su estilete de acero y
cercenaron sus entrañas  mutilando mas de la mitad de su vida.

Desde entonces sus lagrimas se empesaron  a secar,
y los peces poco a poco se extinguieron
y fue aquella tal vez su primera agonía.

Hoy  su cause se ve triste,
y aquel verde remanso de agua fresca y cristalina sé convirtió de pronto en un inmenso nido vacío.
y yo...
De tanto verlo llorar estoy casi inmunizado.
Fue por eso que decidi alejarme,
Pero un día yo volví a visitar al viejo amigo,   
caminé cause adentro y todo estaba vacío,

Allí nada había;

¿Dónde están las impolutas palmeras me preguntaba?

Y nadie respondía.

¿ A donde se llevaron las piedras de colores el aguas cristalinas y los peces de cristal?

Yo me quejaba con rabia,

Pero solo el viento respondía

Era la señal de que río había muerto.







Autor: R. B. Sánchez C.